Música: (BSO O BROTHER / PO`LAZARUS)
BSO O brother
Parte 1: Los 24 de Huntsville
12 de julio de 1943. Un grupo de 24 reos trabaja en el lado oste de la carretera 156 que une Point Black con Coldspring, Texas, en el borde del parque Sam Houston. Cantan "Po'Lazarus" mientras pican la piedra. El sol no perdona sus espaldas. Y los rifles de los 7 guardias que los vigilan tampoco las perdonarán si ocurre alguna tonterÃa. Y ellos, los 24, lo saben.
-"
Well then Lazarus, he told the high sheriff. Says I never been arrested by no one man. Lord, lord. By no one man"- cantan todos a coro. Todos menos uno.
A Sam Rosewood nunca le gustó eso de cantar. Lo suyo era la armónica. El ambiente no estaba como para dejar de trabajar y ponerse a tocar, y él lo sabÃa. Asà que lo hizo. Se enderezó, estiró su espalda, y soltó el pico. Éste, al chocar con el suelo, levantó una pequeña nube de polvo. Todos dejaron de cantar. Los 23. Y los 7 guardias que los vigilaban apuntaron sus rifles hacia él.
Sam se llevó la mano derecha al bolsillo del pantalón. Lo hizo lentamente, para que todos lo vieran. La tensión era máxima. La imagen de su mano asomando por el bolsillo sosteniendo un objeto metálico no era tranquilizadora. Lo hizo muy lentamente. Él sabÃa que ése era su minuto de gloria. La armónica terminó de salir. Alguno de los reos resopló con tranquilidad. Y una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Sam. Rápidamente, se giró en seco sobre sus talones y, con la ármonica a modo de pistola, apuntó al guardia novato. Siempre llevaban a un novato a las carreteras. Y él lo sabÃa. Los guardias seguÃan apuntándolo. Y él lo sabÃa. Y el novato estaba muy nervioso. Y él lo sabÃa también.
El disparó sonó a kilómetros a la redonda. El cuerpo de Sam cayó sobre la carretera. Fue un tiro certero, quizás un poco desviado al hombro, pero le reventó el corazón.
Y el tiempo se paró. Sam, tirado en el suelo, con su armónica en la mano y su sonrisa en la boca. Los 23 reos, sudorosos, sucios, apoyados en los mangos de los picos, callados. Los 6 guardias veteranos, con sus armas bajadas, mirándose entre sÃ. Y el novato, temblando, apuntando al aire donde segundos antes se encontraba Sam.
Sam Rosewood. El primero de los 24 de Huntsville en morir ese 12 de julio de 1943.
Tim "manorápida" Johnson. El novato. El primero de los 7 guardias en disparar ese 12 de julio de 1943.
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Música: (ERIC CLAPTON / SNAKE DRIVE)
Snake Drive
Parte 2: El peón del jaque
Cuando Richard Salieri fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de una mujer que ni conocÃa, jamás pensó que su paso por la cárcel fuera a convertirle en un verdadero asesino.
Eran las cinco en punto, hora habitual del paseo circular alrededor del patio. Hora habitual de amenazas y también de la organización de estrategias. Sólo habÃa dos posibilidades para un convicto en tal momento: La vida se tornaba en una dualidad donde o comÃas o eras comido.
Richard habÃa aprendido que el estado más salvaje del hombre era aquel donde sus instintos más precarios salÃan a la luz.
Pero él no era un mal hombre, sólo habÃa pecado de estar en el sitio inadecuado a la hora inadecuada. Caprichos del destino…
Toda su vida dejándose arrastrar, permitiendo a su jodida existencia acabar en el más absurdo sinsentido.
Toda su vida hasta aquella tarde.
........
Tuvo que observar durante dÃas hasta comprender cómo acabar con él. Aquel bastardo por el que él estaba pagando, el mismo que le acusó como testigo de un asesinato que no habÃa cometido. Aquel desecho humano que paseaba su culo por donde él sólo podÃa imaginar.
Cada tarde le observaba minuciosamente, guardando cada gramo de odio condensado, listo para ser escupido y arrojado directo a su asquerosa cara insolente.
Pero las estrategias requerÃan de esfuerzo, no era tan sencillo como apuntar y tirar.
Richard tuvo que elegir una vÃctima, un blanco fácil como cordero de sacrificio, un peón con el que conseguir su primer jaque.
Observó durante dÃas hasta que, a las cinco, lo encontró.
Desde entonces, empleó a todos y cada uno de sus contactos para conseguir el arma con la que empezar a ejecutar su plan. No era un arma convencional, era sofisticada e imprevisible, delicada y poderosa, justo lo que necesitaba para que en manos de su elegido resultara una tentación irremediablemente provocadora.
A las cinco en punto de aquella tarde, Richard tenÃa a su peón y su arma justo en el mismo punto.
'
Gracias' - le dijo Sam con una mirada.
'
Espero que te sea útil' - le contestó Richard mientras le pasaba sigilosamente la armónica.
La sirena emitió un sonido estridente, y Richard observó satisfecho a Tim Johnson.
Aquel miserable estaba a punto de comenzar la peor decadencia que alguien podrÃa experimentar.
Y esto, era sólo el principio…
por E.G.Bolaños y Diana GM