No seré yo la que defienda polÃticamente a un hombre cuya ideologÃa difiere profundamente de la mÃa.
Que censura sus propios actos a sabiendas de lo polÃticamente incorrectos que son, que carga "discretamente" contra gitanos, y en general con cualquiera que discrepe de su pensamiento...
Pero mucho menos seré yo la que defienda la violencia como medio, protesta o fin.
Me parece inaceptable, primitiva, ridÃcula e inmoral.
Y todos aquellos que toleren lo más mÃnimo algo asÃ, son iguales de ridÃculos que el pensamiento de este hombre o las hazañas de aquel perturbado.